El sueño helado.
Menudo pedazo de viaje que se han marcado los españoles… No faltó de nada.
Lunes. Diez de la noche. Llegamos todos al autobús (misma compañía y conductor que en el viaje a San Petersburgo; distinta guía, Katito). El viaje hacia Inari (1100 kilómetros, así a ojo, al Norte de Helsinki) estaba a punto de comenzar. La Lapland Wild Experience que nos esperaba, no nos la podíamos ni imaginar. Entre algunas canciones y películas, y empezando a planear con quién íbamos a estar en las cottages, terminando de decidir las actividades, pagándolas, empezando a conocer a gente, haciendo el gañán… El bus, para lo que es un viaje tan largo, no podía ser peor. Pero daba igual. 45 personas estaban a punto de hacer uno de los mejores viajes de sus vidas.
Como es normal… las estimaciones de tiempo son estimaciones, y nos quedamos sin ver Rovaniemi, el Martes por la mañana. Visitamos el Arktikum, con una guía simpática que nos contó la historia de la ciudad, cosas acerca de la fauna de la región, y algo de los Sami; y luego vimos un vídeo corto, una recopilación de fotos tomadas en Laponia, “Under the Northern Lights”. Qué poco nos imaginábamos acerca de la suerte que íbamos a tener a ese respecto. Tras el Arktikum, ya con las cottages decididas (no hubo Spanish Nation… pero la familia siempre está unida), fuimos a comprar las cosas para toda la semana. Mucha, exageradamente mucha, demasiada comida. En mi caso, estaba en una cottage con Juan, Lucas, y luego siete chicas (tres francesas, tres alemanas y una húngara)… lo que se conoce como EXCELENTE.
Seguimos la ruta desde Rovaniemi, y paramos en la Santa Claus Village. Obviamente, yo no vi a Santa Claus (mariconadas las justas), pero sí me hice fotos y vídeos patinando en un tobogán de hielo (aún me duele el culo), y con las señales estas que dicen a cuantos kilómetros, y en qué dirección, están un montón de ciudades del mundo. Fotos con gorritos Sami, gañanadas varias… Y de vuelta al bus, para llegar hasta Vasatokka. El viaje de ida duró en total 24 horas. Y, a pesar de la insoportable calefacción, la dualidad frío-calor (frío en la cabeza y torso, calor en las piernas), y la incomodidad de los asientos del bus (al menos para un viaje tan largo), nos lo pasamos genial.
Llegamos a Vasatokka - Youth Center. Pasado Inari, el autobús se desvía a la izquierda para recorrer un camino / montaña rusa, hasta llegar al sitio en cuestión. Reparto de llaves, de responsabilidades… me toca cocinar la primera noche, unos espaguetis, para qué complicarnos, y después, sauna, ¡Y LAGO! No hay fotos de tal hazaña (principalmente porque estuve en la sauna a la 1 de la mañana), ¡pero lo hice! Creerme o no depende de vosotros. Las fotos del viaje de ida están en mi Picasa.
Al día siguiente empezamos el Survival Course (fotos en mi Picasa). Tras explicarnos lo principal (capas de ropa, proteger la cabeza, orientarse con un mapa…) llegamos a la práctica. Empezamos apilando nieve para hacer unos iglús llamados Quinzees. Mientras dejamos que se compacte, practicamos la pesca en hielo. Tres pasos: uno, haces el agujero; dos, limpias los trozos de hielo; tres, echa la caña. Sabine, una de las alemanas de nuestra cottage, pescó algo. No lo suficientemente grande para comer, pero en fin… pescó, es más de lo que se puede decir de mí. Tras la pesca, continuamos con los Quinzees, empezando a crear el habitáculo. Mientras parte de nosotros estaba con los iglús, la otra parte intentaba andar con esquís para cuatro personas, y jugaba a juegos encima del lago helado. Luego invertimos los papeles. Tras los quinzees, fotos dentro de ellos, y comida, antes del Snowshoe Orienteering. Mi equipo (Sandra, Lucas y yo) sólo encontró tres de los cinco puntos… pero intentar crear pistas por nuestra cuenta fue lo más divertido. Cuántas veces me habré podido caer de las malditas raquetas de nieve ¡Tras las raquetas de nieve llego el Sledging! A la entrada de Vasatokka había una maravillosa cuesta que EXIGÍA ser descendida con trineo. Y ahí que fuimos. Bajamos de todas las formas posibles: usando el trineo como una tabla de snowboard (Marion era bastante buena en esto), apoyando el culo (osea, la forma estándar), bocabajo de frente, bocabajo de espaldas, de rodillas, dos y tres personas en el mismo trineo, con y sin rampas… Si es que son como niños, hay que ver. Obviamente, después del trineaje, de nuevo sauna… y llegó mi espectacular caída justo enfrente de las escaleras del lago. Comento: el camino desde la sauna hasta el lago era largo, demasiado largo. Y obviamente estaba nevado. Eso hacía que correr hacia el lago no fuera cosa de “vamos a hacerlo así porque queremos”, si no más bien un “como no lo hagamos así nos vamos a cagar”. Así que había que ir corriendo desde la sauna hasta el lago, para pasar el menor tiempo posible con los pies en la nieve. El camino estaba indicado por lucecitas, y justo a la orilla del lago había una plataforma de madera. Al lago se entraba por unas escaleras estilo piscina. Justo delante de ellas hay una rampa. La rampa tenía hielo, yo me resbalé y estuve a punto de caer dentro del lago. Lucas lo vio desde una perspectiva inmejorable, mi “apurada de frenada”, caída con el culo, y resbalón hasta tener las piernas dentro del lago. Menos mal que quedó en eso, con un par de rasguños en el codo. Sandra lo pasó peor, ya que se resbaló antes. Esa noche, Teepee Party, intentando ver Northern Lights. No hubo suerte. Lucas, Juan y yo repartiendo juego como cosacos.
Día tres de la Lapland experience. Hacia el Océano Ártico, partimos. Haciendo paradas esporádicas para fotos, tras un largo viaje (¿5? ¿6 horas?), y la extrema dificultad para atravesar la frontera con Noruega (juas). Bugoynes es el pueblo designado para que le echemos pelotas y nos metamos en el océano ártico. La verdad, es mucha leyenda, el lago me parece mucho más frío, pero el verdadero problema son los pies. Se enfrían rapidísimo. Así que, las botas preparadas en la orilla, correr dentro, salpicarte, nadar un poco (sin mojar la cabeza), y vuelta al bus a toda leche. La gente tiene vídeos y fotos de este momento, yo no. Ya pondré los enlaces de todos modos. En cualquier caso, las fotos del viaje están en mi Picasa. Una vez de vuelta en Vasatokka… de nuevo trineo y sauna y lago.
Y al cuarto día… no recuerdo qué hizo Dios, pero nosotros hicimos Kick & Slide! O lo que es lo mismo, andar sobre la nieve, o lo que es lo mismo, Cross-Country skiing. Una pequeña clasecita, y caídas por doquier. Hicimos un tour a lo largo del campo nevado que había alrededor de Vasatokka, disfrutando del silencio (y yo de “Song for a friend”, de Jason Mraz… me puse nostálgico, qué le vamos a hacer), de los bonitos parajes nevados, de la nieve, of the snow… y todo eso. Lo cierto es que andar sobre la nieve no es demasiado complicado. Al principio, obviamente, te caes, pero una vez le vas pillando el tranquillo, es sencillito. Y es una actividad que te permite recorrer distancias relativamente largas en no mucho tiempo, con lo cual puedes perderte y explorar los montes nevados.
Después del cross-country, comemos, y nos dirigimos a la granja de renos, idílico lugar en el que hay samis… bueno, y renos también, claro. Nos reciben dos de ellas, y nos empiezan a comentar cosas acerca de los renos: sus ciclos vitales, la época de celo, etc… Después de darnos cereales de reno (para que diéramos de comer a los renos, a ver qué os pensáis), nos dimos una vuelta en trineo tirado por renos, y, mientras rescataban a un alemán que se había caído al lago (colgadísimo está el hombre), nos llevan a una de las cottages del recinto para contarnos cosas sobre la artesanía sami, con madera y cuernos de reno, costumbres sami, y de paso nos cantaron unas canciones, ayudadas con un tamborcico.
Al volver a Vasatokka, obviamente más party… y de paso la guía nos dijo que éramos el mejor grupo de los que habían recibido la granja de renos. Fotos en mi Picasa.
Al quinto día resucitó y encima se hizo un sándwich de queso… pero nosotros fuimos al Saariselka ski resort. Colofón espectacular de un viaje que había sido un sueño hecho realidad desde el comienzo. Mi día en Saariselka empezó con los trineos huskys. Mi casi muerte… me tocó Fernando como conductor. Quiso probar el freno antes de salir, y el guía nos dijo que antes de volver a arrancar tras una frenada de verdad, hay que empujar el trineo para ayudar a los perros a arrancar. Cuando le dijo al guía “oye, que tengo el freno puesto”, el guía soltó la cuerda de los perros, y el trineo salió disparado. Fernando se quedo en tierra, y yo tan feliz sentado en el trineo. El guía nos dijo que en la primera curva, que era cerrada, debíamos frenar. Yo dije “frena” (completamente ignorante, ingenuo de mí, que Fernando NO estaba controlando el trineo), y como el trineo fue más despacio, yo continué tan feliz. Después de la curva había un salto en el que casi me mato, pero tranquilamente. Cuando los trineos que teníamos enfrente se paran, empiezo a decir “Fernando, frena… cinco metros de distancia de seguridad… ¡Fernando, frena!”, y en esto que miro a la derecha y viene una moto de nieve a toda velocidad, con el guía encima, que salta desde la moto hasta el trineo, y lo frena. A todo esto que le digo “le estaba diciendo que frenara”, miro, y NO veo a Fernando, y luego miro que viene corriendo desde lejos… En fin, salvo eso, todo genial
Es una experiencia muy bonita.
Después de los super huskies, llegan las motos de nieve. Tras vestirnos como una mezcla de SWATs y marines espaciales, arrancamos y hacemos una ruta bien simpática, y algo accidentada… un checo parte una señal con su moto de nieve, y luego Aaron y Katito vuelcan tras el cambio de conductor. Pero muy bien. Casi pierdo mi DNI, y con la excusa de encontrarlo, el guía (que reconozco que ahí se portó) me dejó coger la moto de nieve otra vez para recorrer el trayecto e intentar encontrarlo. Estaba cerquísima, la verdad. Pero me monté mas tiempo. Mwahaha. Tras las motos yo no tenía nada que hacer, ni Juan ni Fernando, así que nos fuimos a hacer el gañán tranquilamente por ahí. Las fotos en… exacto.
Y ahí acabó todo… El sueño, como todo sueño, llega a su fin, si no es cuando llega la mañana, tarde o temprano se acaba.
Así el domingo recogemos todo de la cabaña, acabamos de hacer la maleta, y partimos de nuevo al autobús, a por otro porrón de horas de viaje. Durante el trayecto paramos en el castillo de nieve de Kemi (entre vosotros y yo… un truco turístico MUY barato), ¡y preparamos el cumpleaños sorpresa para una de las chicas de la cabaña! La pobre se emocionó, y soltó lagrimita y todo. Final feliz para todos. Las fotos del viaje de vuelta están, qué raro, en mi Picasa.
En el tintero me tengo que dejar anécdotas, frases, momentos… en fin, como yo mismo bien dije cuando la Sami nos tocaba canciones con el tambor, lo que pasa en Laponia, se queda en Laponia (a lo que ella me respondió que ellos dicen “Lo que pasa en España, se queda en España”). Pensaréis cosas de mente calenturienta (comprensible), pero no seré yo quien os desvele el misterio de este sueño helado. A fin de cuentas, ha sido un sueño… y los sueños son difíciles de interpretar.
Salu2